Hace tiempo que tenía ganas de comprar las entradas para la función en Rosario de Modelo vivo muerto, del grupo teatral los Bla Bla, de Buenos Aires. El miércoles 26 pasado mandé mensaje a la boletería del teatro La Comedia para ver si quedaban entradas y me respondieron que no, que las dos funciones ya estaban agotadas. Al día siguiente, el jueves, como el consultorio de mi analista queda cerca, después de la sesión me llegué personalmente a la boletería. Allí pude acceder con mucha suerte a la última entrada disponible, para la primera función.
El sábado, como me dijeron que las puertas abrían a las 17.30h, salí un rato antes a esperar el colectivo (138 139), que me dejaba a dos cuadras del teatro. Como no venía, no venía y se estaba haciendo la hora, me tomé un taxi. Le dije al chofer Mitre y Ricardone, pero él entendió Corrientes y Ricardone, así que paseé un poco. Llegué y había mucha gente en la esquina. Yo fumé un cigarrillo y entré, y me senté en mi butaca, que por suerte estaba en el borde de la platea, como a mí me gusta, por si tengo que ir al baño o si salgo a tragar humo.
La obra está buenísima, es fácil reírse a carcajadas en distintos momentos por los gags, que en su mayoría son corporales y están en medio de la trama; que consta del examen final de una prestigiosa e hilarante academia de arte, donde el modelo vivo es asesinado en plena oscuridad.
Sobre el escenario hay un pianista, que musicaliza varias escenas, y cinco actores: Julián Lucero como el director, Manuel Fanego como el modelo vivo y la psicopedagoga, y tres alumnos. Cada actor tiene sus momentos, y en general el nivel es alto.
No voy a espoilear, pero sí me permito decir que la obra tiene finales alternativos.
En el saludo final, entre aplausos de pie, uno de los actores dijo que tenemos un país maravilloso, que hay que cuidarlo.




